Categoría: Otros temas
25 Octubre 2005
Aprovecho la coyuntura (mi PC vuelve a funcionar tras un par de días en la U.V.I. y Blogia 2 sigue mejorando) para rememorar uno de los lúcidos episodios de una gran y recomendable película: Sin City .
Aprovecho la coyuntura (mi PC vuelve a funcionar tras un par de días en la U.V.I. y Blogia 2 sigue mejorando) para rememorar uno de los lúcidos episodios de una gran y recomendable película: Sin City .
Hablan Lucille (la agente de la condicional envuelta en sombras) y Marv (el tipo rudo envuelto en vendas):
- ¿Has vuelto a las andadas?
- Un problema con la poli.
- ¿No te habrás cargado a alguno?
- Que yo sepa no. Pero tardará en olvidárseles. Te lo aseguro.
- ¿Cómo demonios le cuento esto ahora a la comisión?
- No tienes por qué contárselo, esta vez no. No hablamos de una pela en un bar... ni de que algún cretino haya quemado a alguien con gasolina. ¡Esto es gordo!
- ¿No deberías tomarte otra pastilla?
- ¡No quiero que nada me deja atentado! ¡La sangre va a correr, te lo aseguro! Como en los viejos tiempos, ¡los malos tiempos!, los días del todo y nada han vuelto. No tengo elección y estoy preparado para la guerra.
- La cárcel fue un infierno. Será la perpetua esta vez.
- El INFIERNO es vivir día a día sin saber la razón de tu existencia. Pero se acabó. Le ha costado la vida a alguien que se portó bien conmigo... Pero he salido del infierno. ¡Sé lo que tengo que hacer!
servido por bango
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20 Octubre 2005
A veces sucede que a uno se le agotan las palabras y queda varado en un oceáno sin fondo dominado por la falta de compromiso y la desgana. Entonces sólo nos queda aferrarnos a un recuerdo pretérito donde buscar la fuente de una inspiración que, en el pasado, debió servir para dar sentido a las letras que todavía hoy nos definen.
Y en esa rememoración idealizada tantas veces denigrada por el conformismo, todavía subsisten los textos de aquellos que, una vez, escribieron sus gestas e ilusiones sobre sus propios recuerdos y experiencias alertándonos, adoctrinándonos, sirviéndonos de guía formal y referente, sobre lo que debe, puede o no puede hacerse, en una columna de opinión diaria financiada con el tesón de aquel que vive con los ojos abiertos, con la voluntad de quien espera hacer de este estercolero un Mundo (más) habitable.
Porque uno, aún ateo, también presume de haber tenido referentes. Alguien a quien seguir y leer, fabricante de columnas diarias, aficionado al teatro,pelo cano, corazón rojo, periodista, republicano... ¡Vísceras sobre celulosa! Desde ayer mismo, inmortal.
servido por bango
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6 Octubre 2005
A veces no tengo nada que contaros. En realidad, es una sana perversión que trato de remediar en cuanto me siento frente al ordenador al abrigo de este teclado de sonido embelesador y, sin embargo, tantas veces distante. Es ahí cuando comienzo a evocar imágenes, diálogos, recuerdos proyectados de aquellas películas que alguna vez tuvieron algo que decirme, y comienzo a dejar que fluyan las palabras, a rellenar espacios de mejorable calado literario con el culto a la cinefilia que hoy me define. Hoy, sin embargo, ya os digo, no he encontrado nada que decir.
Abatido pues por una rutina inclemente que desprecia la iniciativa y la transgresión; desposeído, digo, de la condición lúcida necesaria para abordar temas que, a nosotros espectadores de este mundo, puedan resultar de cierto interés, me he abandonado a la lectura insensata de noticiarios internáuticos buscando, ya veis que ingenuidad, un solaz entretenimiento más allá de las sujeciones de la disección cinéfila, encontrándome de bruces -no podía ser de otro modo y me lo merezco por osado-, con la más cruda y triste realidad: con fragmentos de existencias desencantadas que asaltan verjas y cruzan mares helados y se agolpan por centenares en desahuciados bosques al amparo de aquellos que desde siempre se acostumbraron a hacer su agosto con los sueños e ilusiones de los demás.
Y no puedo evitar pensar en la contradicción que debe asolar a aquellos que tratan de forman parte de una Sociedad cuyo cartel de bienvenida es elevar la cota de su enrejado fronterizo.
Y no puedo siquiera imaginar qué es lo que tratan de dejar atrás, de qué huyen, qué pueden buscar aquellos que, sabiéndolo, vuelven a intentarlo.
servido por bango
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22 Septiembre 2005
Porque el protagonista es una Bestia aunque sea una Bestia menor: no hace Cine ni da miedo. En realidad ya no mete ni goles. Hoy, por ejemplo, ni juega.
Veamos. No soy pesimista. Hoy me levanté con una cierta sensación de cansancio. La rutina acomoda y el trabajo duele. El madrugón inhabilita la lucidez. Y ni siquiera la resaca futbolera lo compensa. Es más: no ayuda nada que pongas el teletexto y veas a tu equipo impregnado de rojo y al borde del abismo...
Hoy se la juega Luxe. Para que lo entendáis: es como si Spielberg le cogiera el gusto a rodar, semanalmente, películas tan debatibles como La Terminal. No es que sea una mala película, ojo. Es que los medios de producción con los que cuenta, la posibilidad de elegir el proyecto que le venga en gana, y la banalidad de su resultado, le resta buena parte de su credibilidad. Y, además, aburre. Por eso no le perdonamos ciertos deslices a Wanderlei, pronto, “El Ex”. El propio Wanderlei es un desliz en si mismo y encima desprecia el juego por bandas. Lars Von Trier estaría orgulloso de él: “Yo quito la música de las películas. Él quita a los extremos”. ¡Viva la evolución!
No hay ni misterio. No está Urzaiz así que le tocará a Fernando Llorente culminar el córner de turno. Ay. ¡Y Walter Luján, aka Samuel, metiendo goles en el Inter! Y Robinho. El hombre bicicleta. El príncipe. Se oyen rumores que protagonizará un anuncio de gaseosa. Esperemos que no lo merezca. Porque como lo sea esto huele a descenso.
Hoy será una noche larga (escribo esto en el descanso del Partido y sé, a fe ciega, que ninguno de vosotros lo leerá sin conocer ya el resultado: dudo que Blogia os deje entrar a tiempo, en realidad). Pese a que hay alguna posibilidad (GUTI) de que me trague las palabras, puedo aventurar a decir y digo, que Wanderlei (and friends) no se comerán el turrón... en Madrid.
Disculpad la intromisión futbolera. Hoy tengo fiebre. Y estoy cabreado.
servido por bango
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2 Septiembre 2005
¡Nuevo remake televisivo!: Lo hemos visto tantas veces en la ficción que hoy nos parece un deja vù. En realidad lo es: todos los días cenamos al compás de la gente que sufre. O que lo ha perdido todo.
¡Aprovechando que el Pisuerga...!: Eso sí. Es cualquier cosa menos Anarquía. Nadie que conozca el ideal anarquista asociaría la Ley del más Fuerte, el pillaje o los comportamientos gangsteriles con el Anarquismo. La simplificación aborrega. La culpa no es sólo de los medios de comunicación.
¡Esto, ya lo hemos visto!: En la retina se acumula todo el subgénero catastrófico. Hay puentes caídos como en Terremoto; aguas turbias y ladrones oportunistas como en Hard Rain; un gran estadio rebozado de incertidumbre como en Godzilla; tanques del ejército tratando de recuperar el orden como en Estado de Sitio; fuegos humeantes de aires post-apocalípticos como en Mad Max... También hay un Presidente que trata de retomar las riendas de una catástrofe que no supo prever ni evitar (como en otras tantas mil). No pasa nada. Aun quedan meses para que las cintas inaugurales refuljan en todo su esplendor junto a un renovado complejo empresarial. Ahí estará en primera línea, rodeado de todos esos blancos que hoy no salen en la tele.
La Tierra se está defendiendo, señores. Deberíamos reflexionar.
servido por bango
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11 Agosto 2005
Será, seguramente, fruto de una vida cada vez más imbuida en la rutina y en los quehaceres habituales, que desprecia cualquier vinculación con la creatividad y se identifica, con demasiada facilidad, con el conformismo.... Será, digo, que cada vez somos más conscientes de ser la parte más acomodada de este gris sistema que nos mantiene y sustenta, que hemos habituado a nuestras neuronas a trabajar menos de noche, a estirar las piernas por exceso en nuestros periodos de ocio, a dormitar frente a un televisor petulante que entre basura y basura se atreve a encadenar nuestra existencia a una serie prefabricada, a una ficción tramposa (pero imprevisible) que, encima, se permite el lujo, cada semana, de regodearse de todos sus seguidores haciendo de si misma una experiencia cada vez más emocionante e imprescindible, una obra televisiva lúcida y distraída.
Lo digo porque hoy es jueves y en lugar de estar disfrutando de Inquietud de Manoel De Oliveira tendré que dividir mi cerebelo en el seguimiento de dos series, tan distintas entre sí como esencialmente vibrantes, que están a punto de finalizar sus presentes temporadas. Una, Perdidos, de la que ya os hablé en recientes fechas, se está acostumbrando a rebosar los límites de la emoción ficcionada, de la aventura superlativa y vibrante, con su remedo de tantos cuentos y leyendas, con ese pastiche genérico tan habitual en las producciones cinematográficas de índole evocadoras que provocan y absorben las voluntades de aquellos que tanto disfrutamos con las historias novelescas de toda la vida.

La otra, 24, serie de espías y terroristas, policías reaccionarios y presidentes yanquis en apuros, es tan detestable ideológicamente como sumamente descreída, tan discutible e impertinente como solaz y cimbreante. Es, en realidad y a pesar de las proclamas retrógradas que subyacen en buena parte de sus soluciones argumentales, un serial en el mejor sentido de la palabra, de hecho, representa el paradigma de lo que debe ofrecer un producto de su naturaleza: una formulación de personajes a base de golpes (tiros y disputas internas), un argumento basado en clifhanger de interés creciente, una acción continuada e imparable, ingentes dosis de emoción y alternativa argumental y, sobretodo, situaciones que sobrepasan el paroxismo. Tanto que estoy seguro que acabará engulliéndose a si misma (así de atrevida es).
Ambas series constituyen, en si mismas, la esencia de la televisión de siempre: naturaleza disfrutable; dramatismo serializado; espectadores expectantes; consumidores satisfechos. Fórmula perfecta, pues, que alcanza en estos productos de género una cuota de calidad estimable y un montón de entusiastas y frecuentes seguidores que esperan, ya véis, el siguiente capítulo con una cierta sensación de apremio.
Es, claro, pura y dura televisión. Ese aparatito diabólico que no para de darnos rutina haciéndonos creer –con una gran convicción- que acabará sentándonos estupendamente. No es difícil pensar en otra metáfora más explícita...
servido por bango
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