Batman Begins: otra fallida película sobre superhéroes
En fin, volvemos al inicio de la historia, en un Tíbet de tebeo donde nuestro protagonista, un joven Wayne, busca el modo de conseguir su redención en el tortuoso camino del autocastigo. Así se encontrará en una cárcel, rodeado de asesinos de toda estirpe y condición, estudiando sus gestos y actitudes, busando el modo de luchar contra aquella detestable facción de los humanos que, entre otras cosas, posibilitará el asesino de sus padres. Su padre, por alusiones, se revela como un tipo ejemplar (al fin y al cabo, el flashback que nos cuenta su historia no es sino un recuerdo iealiza de su hijo), rico empresario, adalid de los pobres y huérfanos para quien construye, de forma altruista, medios de transporte y orfanatos...
En realidad, Wayne busca en las cárceles asiáticas ese capricho del destino que altere el proceso decadente al que se está encadenando su existencia presente. Por eso, el encuentro con la Liga de las Sombras (hemos visto algo similar en una reciente película de Rob Bowman, ¿verdad?) y el entrenamiento al que ésta le somete, no es sino el impulso que su naturaleza demanda para extraer del mundo de los malvados el aporte colérico que, en último término, necesita para apagar su sed de venganza. Embebecido de conocimientos marciales pero consciente de la delicaa situación que está a punto de acabar con sus convecinos, Wayne no sólo encontrará tras una máscara orejuda la oportunidad de redimirse de su pasado sino también la oportunidad de volver a Gotham City convertido en algo más que un hombre poderoso.
Alejado, por fortuna, de los deficientes precedentes conformadores de la serie Batman, esta precuela superheroica se resuelve de forma irregular (refinada y existencial en su primera parte; atropellada y confusa en la segunda) en una pugna constante por mantener los designios existenciales conformadores de sus fuentes literarias/tebeísticas con las servidumbres ineludibles de una película que pretende (y debe) convertirse en el éxito de la temporada.
El film de Christopher Nolan sestea de un lado a otro queriendo parecer novedoso pero recayendo una y otra vez en los más manidos arquetipos (la chica del superhéroe, los enunciados pseudexistenciales, el malo megalómano –aquí en plural-, la composición y diseño del traje...), que desvirtúan el carácter original de todo lo visto. Hay grandes actores detrás (en especial Cristian Bale en otra de sus turbadoras composiciones), eso sí, que desfilan a lo largo y ancho del argumento, disfrutando en excesos de sus personajes, queriendo formar parte de la franquicia pero sin forzar en demasía sus aptitudes, dejando en la pantalla una cierta sensación de acomodo. También hay un buen puñado de secuencias a destacar (todas encuadradas en su primera hora y media) como la del mafioso incrustado en el foco (magnífico preludio de la bat-señal) o la del primer vuelo del murciélago que nos recuerda a cierto gran héroe catódico de los años 80. Pero sus bondades se acaban con algún chascarrillo de humor cómplice (refiriéndose al bat-movil, Wayne espeta un “¿Lo tienes en negro?”) y una voluntad por hacer de un delirio tebeístico una aventura de carácter realista (aquí no hay superpoderes aunque sí vuelos y aterrizajes increíbles): al fin y a la postre Batman no es sino un ninja aficionado a los gadgets de diseño...
Notan pone algo de su propio universo en la turbadora composición del personaje de Bruce Wayne (igualmente creíble delante y detrás de la máscara) y en los demonios internos que lo corroen, por eso su primera hora y media discurre por el camino de la previsibilidad que envuelve a este tipo de argumentos y, a pesar, del excesivo alargamiento de la introducción... Después de este primer segmento (y aunque ya se había insinuado con anteirioridad una cierta sensación de impericia) es cuando Notan comienza su particular pelea con la cámara, ofreciendo proclamas incontinentes de arritmia. Quiere hacer cine de autor y ofrecer imágenes subyugantes, deudoras seguramente del mundo del cómic, pero no sabe conjugar los elementos presupuestarios con los que cuenta con la intransferible personalidad que definía a sus primeros trabajos. Y, sobretodo, naufraga en la composición, dirección, montaje, narración de las escenas de acción y riesgo; naufragio creativo que alcanza un deficitario cenit en el mismísimo climax final, demasiado largo y confuso como para que pueda interesar a alguien tras 140 minutos de interminable proyección...
Un demérito seguramente atribuible a su segunda unidad, en fin, que el bueno de Notan no puede ni sabe remontar de ninguna manera en un final tan estruendoso y prescindible que sabotea, y de qué manera, las interesantes propuestas (formales y conceptuales) sugeridas en muchos de los minutos precedentes.
Lo más destacado: Cristian Bale: el mejor Batman desde... Adam West.
Lo menos destacado: el nulo punch de Katie Holmes incapaz de variar su rol de Dwason Creek.
Calificación: 6



