Absorbiendo nuestra fuerza vital
A medio camino entre el homenaje fantaterrorífico de ascendencia entrañable y el cine de explotación comercial, Tobe Hooper realizó a mediados de los ochenta una película sorprendente que adaptaba con singular estilo pulp la novela de Colin Wilson, Vampiros del Espacio, con un guión de los muy cinéfilos Don Jakoby (Vampiros de John Carpenter) y Dan O´Bannon (Alien) y con la clara intención de hacer de esta historia de invasiones alienígenas un delirio de culto perdurable, ad eternum, en nuestras quebradas retinas cinéfilas.

Actualización “metafísica” de alguno de los grandes clásicos de la Ciencia Ficción clásica como La guerra de los Mundos de Byron Haskin o Qué Sucedió Entonces?, de Roy Ward Baker, la película sigue ofreciendo un buen puñado de imágenes sugerentes en forma de: estaciones espaciales de orientación clarkiana, vampiros siderales dormitando en ataudes de cristal, cometas contenedores de secretos ocultos, ensoñaciones idealizadas con andares y senos de Mathilda May, rayos cósmicos de aires destructores, viandantes orates poseídos por la histeria...

Una gozada.
Una película posterior, Species, heredaría buena parte de las soluciones visuales y conceptuales de Lifeforce con idéntico sabor y textura. Pero faltaba John Dykstra (en los f/x), y sobretodo, Tobe Hooper, otro de los directores de la “Generación Alternativa” al que le costó, y de que manera, superar el desmedido éxito de su estruendosa opera prima.



Yo. dijo
Amen, hermano.
1 Agosto 2005 | 03:23 AM