La eterna espera
¿Alguno de ustedes se ha parado a pensar lo que tarda en pasar una eternidad? No. Seguro que no. Ustedes viven en un planeta donde la eternidad es un concepto etéreo, una panacea filosófica sin importancia. Esperando a la eternidad pueden, tranquilamente, morirse. No saben la suerte que tienen...
Yo vivo en un planeta donde la eternidad se manifiesta segundo a segundo. Y yo no puedo morir para superarla, al menos en mi estado embrionario, cuando mis tentáculos reposan dentro de un cascarón ovoide esperando -este es mi sino- la siguiente etapa evolutiva. Para que se produzca este salto liberador a uno de ustedes se le tiene que ocurrir aterrizar en mis dominios, hollar el terreno que una vez pisaron mis antepasados y meter sus narices, literalmente, en el casco de mi nave espacial buscando lo que no hubieran querido -de saberlo- haber descubierto jamás.
Cuando viene a verme una camada de astronautas incautos, las emociones que uno siente por dentro se asimilan a un orgasmo. No. No me mal interpretéis. Mi deseo de carne no tiene nada que ver con el sexo sino con la supervivencia. La sangre me regenera, me convierte en una supraespecie voraz, letal y atlética. Y ellos suelen llegar colmaditos de templada hemoglobina...
Me convido a pasar a mi tercer estadio en cualquier receptáculo orgánico que me permitar asimilar substancias vitales: plasma y líquido amniótico. Salgo después de él, por donde pueda (nunca de manera discreta), y comienzo a estudiar a mis futuras víctimas; las cuento: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... No me gustan los gatos. De momento soy pequeño y huyo. Mañana seré más grande y les plantaré cara. Sólo necesito sus vidas y, a mí, nunca me asustaron los lanzallamas.
Los he devorado a todos. A todos menos a una... Una hembra. Ella cree que me ha matado. Pero sólo yo sé la verdad. Vuelvo a mi latente estado primigenio: la perpetua e insobornable espera.
Cada vez estoy más cerca de vuestro utópico planeta azul. Y vosotros, víctimas potenciales de mi voracidad, a un paso -sólo uno-, de la extinción.


