Hitchcock adapta a Hitchcock. En realidad, actualiza los mecanismos de suspense que el cineasta institucionalizará, entre otras películas, con aquella primera versión -a principios de la década de los 30- bajo pabellón, bandera y estilo británico. Y aprovecha el oprobio para enriquecerla con elementos provenientes de su evolucionado ideario conceptual...

...Utilizándolo al servicio de la historia (es decir, fiel a sus principios). Por eso, la ama de casa en que se ha convertido una gran cantante por cuenta del amor que profesa a su marido médico (y que le obliga a cambiar su residencia de Londres, donde ha cosechado un gran éxito en el teatro, por una provinciana ciudad estadounidense) conseguirá salvar a su familia con las notas de una canción, aprovecho ya para decirlo, mítica e inolvidable... (Ni a Spielberg se le hubiera ocurrido semejante exaltación de la Familia).

...El tributo a Doris Day no se acaba con la canción, dejando para la retina cinéfila, un momento de cierta altura interpretativa (habida cuenta de que tenía que mantener intacto su enlacado peinado) cuando un contenido y cerebral James Stewart la comunica que, efectivamente, el hijo de ambos ha sido raptado esa misma tarde...

...Superado el entorno exótico del zoco de Marrakesh (sin renunciar ni a un sólo de los elementos de suspense habituales: personas que ocultan secretos inconfesables, mcguffins motivantes de la acción, agentes secretos tiznados de negro, un hombre corriente perseguido por el misterio, sospechosos y asesinos por doquier...), Stewart y Day se dirigen a Londres en busca de su hijo, topándose en el camino con alguna de las secuencias más inspiradas de la filmografía del cineasta, destacando -por encima de todo (literalmente)- aquella en que James Stewart logra escapar del interior de una iglesia a través del hueco de un campanario al que accede, pues sí, escalando por el cordaje de la campana (una secuencia afectada de un gran sentido metafórico).

Y, por descontado, la célebre secuencia de los platillos orquestales, rodada de forma majestuosa, con el único acompañamiento de una partitura musical. Ya lo sabíamos pero Hitchcock nunca duda en demostrarlo: el suspense es un artificio que puede prescindir de la palabra sin perder ni un ápice de su eficacia y credibilidad.

"El hombre que sabía demasiado" inicia una etapa exitosa en la filmografía hitchcockniana que logrará encadenar sus mejores y más reconocibles obras, presumiendo no ya sólo de gran conocedor de los dispositivos que sustentan el suspense (en realidad nunca había dejado de hacerlo), sino de director calculador fabricante de divertimentos a granel que siempre fue.

En fin, que uno no se cansa nunca de glosar la filmografía del Maestro...