Sin mirar hacia atrás
A veces no tengo nada que contaros. En realidad, es una sana perversión que trato de remediar en cuanto me siento frente al ordenador al abrigo de este teclado de sonido embelesador y, sin embargo, tantas veces distante. Es ahí cuando comienzo a evocar imágenes, diálogos, recuerdos proyectados de aquellas películas que alguna vez tuvieron algo que decirme, y comienzo a dejar que fluyan las palabras, a rellenar espacios de mejorable calado literario con el culto a la cinefilia que hoy me define. Hoy, sin embargo, ya os digo, no he encontrado nada que decir.
Abatido pues por una rutina inclemente que desprecia la iniciativa y la transgresión; desposeído, digo, de la condición lúcida necesaria para abordar temas que, a nosotros espectadores de este mundo, puedan resultar de cierto interés, me he abandonado a la lectura insensata de noticiarios internáuticos buscando, ya veis que ingenuidad, un solaz entretenimiento más allá de las sujeciones de la disección cinéfila, encontrándome de bruces -no podía ser de otro modo y me lo merezco por osado-, con la más cruda y triste realidad: con fragmentos de existencias desencantadas que asaltan verjas y cruzan mares helados y se agolpan por centenares en desahuciados bosques al amparo de aquellos que desde siempre se acostumbraron a hacer su agosto con los sueños e ilusiones de los demás.
Y no puedo evitar pensar en la contradicción que debe asolar a aquellos que tratan de forman parte de una Sociedad cuyo cartel de bienvenida es elevar la cota de su enrejado fronterizo.
Y no puedo siquiera imaginar qué es lo que tratan de dejar atrás, de qué huyen, qué pueden buscar aquellos que, sabiéndolo, vuelven a intentarlo.



Gabriela dijo
Lo veo como una invasión al revés. Como en toda guerra, hay víctimas, gente que muere en la batalla, pero fíjate, vienen a Europa porque Europa les dejó sin nada en muchos siglos de expolio, destrucción, saqueo, violación de sus derechos. Y ellos vienen aquí buscando lo que les robamos.
África. Tantos recursos, uranio, diamantes, petróleo. Tanta belleza. Y tanta hambre y desolación y muerte. Ahora les toca a ellos invadirnos, cobrar aunque sea una mínima parte de la deuda. Ninguna vallita de mierda los va a detener. Queda pendiente una deuda histórica. Abajo los muros "de la patria mía".
Un saludo cordial.
7 Octubre 2005 | 10:24 AM