27 Octubre 2005
Un montaje aleatorio que relaciona varias secuencias a priori desestructuradas nos introduce, sin más preámbulos, en una iglesia donde tiene lugar el sepelio de un hacendado empresario que se acaba de suicidar. El guión, que sigue las prerrogativas del cambio de fortuna a la hora de plantear su génesis, nos presenta a la caterva de socios, empleados, amigos, médicos, personalidades que el fallecido acumulaba a su alrededor y a la hija del mismo, Daniella, una joven bióloga a la que le cuesta comprender las causas que motivaron el óbito. Imbuida por la sospecha, la joven comenzará a investigar los últimos pasos de su padre, buscando respuestas que resuelvan las dudas que el suicidio le plantean y que, en último término, perturban su cotidianidad.
Con esta premisa, el entramado avanza con una cierta parsimonia, recopilando pistas y elementos inquietantes seguramente provenientes de la fuente literaria, la novela de Ramsey Campbell, que sirve de basamento a la sinopsis, a un guión sumamente preciso al que no le importa ir desvelando alguna de sus cartas (todas ellas substanciosas) en mitad del metraje porque sigue manteniendo intacto su objetivo de sumergir a) a la protagonista en una experiencia pesadillesca (y turbadora) de la que le va a costar salir, y b) al espectador en una sima de creciente y mutable desasosiego mientras resuelve el puzzle propuesto por el director.

En El Segundo Nombre de Paco Plaza podemos reconocer homenajes tácitos a La Semilla del Diablo de Polanski (y a buena parte de su espíritu temático), un inspector de policía a todas luces emparentado con su homónimo de Frenzy, y un pulso narrativo ejemplar que se ve acompañado de no pocos estímulos argumentales que tienen que ver con sectas milenaristas de ascendencia bíblica, expiaciones de culpa de aires redentores, sacrificios indeseables pergeñados por la Fe, fachadas morales que ocultan comportamientos perturbados y dobles vidas...
La sobriedad y buen tino narrativo del cineasta, y el más que correcto uso de los recursos de producción y creativos con los que cuenta (excelentes guión, fotografía, dirección artística y música), sirven para dar empaque y consistencia a esta película de misterio que sabe (con)jugar sus bazas con una notable pericia, manteniendo siempre un ritmo tan sosegado como conveniente, tratando de hacer buen Cine siguiendo las normas -siempre impostadas- de los códigos genéricos.
El Segundo Nombre, en fin, logra constituirse en una de las cintas más inspiradas de cuántas conforman la discreta, pero de vez en cuando sobresaliente, cinematografía de Género (financiada con capital) español y, sin duda, en una auténtica sorpresa para aquél que se acerque a su visionado con la esperanza de disfrutar de una película de terror psicólógico (prontamente de culto) decorosa, inquietante, vindicable.
Lo más destacado: su factura técnica; la credibilidad y solvencia de todos los protagonistas...
Lo menos destacado: su (inmerecida) intrascendencia comercial.
Calificación: 8
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25 Octubre 2005
Aprovecho la coyuntura (mi PC vuelve a funcionar tras un par de días en la U.V.I. y Blogia 2 sigue mejorando) para rememorar uno de los lúcidos episodios de una gran y recomendable película: Sin City .
Aprovecho la coyuntura (mi PC vuelve a funcionar tras un par de días en la U.V.I. y Blogia 2 sigue mejorando) para rememorar uno de los lúcidos episodios de una gran y recomendable película: Sin City .
Hablan Lucille (la agente de la condicional envuelta en sombras) y Marv (el tipo rudo envuelto en vendas):
- ¿Has vuelto a las andadas?
- Un problema con la poli.
- ¿No te habrás cargado a alguno?
- Que yo sepa no. Pero tardará en olvidárseles. Te lo aseguro.
- ¿Cómo demonios le cuento esto ahora a la comisión?
- No tienes por qué contárselo, esta vez no. No hablamos de una pela en un bar... ni de que algún cretino haya quemado a alguien con gasolina. ¡Esto es gordo!
- ¿No deberías tomarte otra pastilla?
- ¡No quiero que nada me deja atentado! ¡La sangre va a correr, te lo aseguro! Como en los viejos tiempos, ¡los malos tiempos!, los días del todo y nada han vuelto. No tengo elección y estoy preparado para la guerra.
- La cárcel fue un infierno. Será la perpetua esta vez.
- El INFIERNO es vivir día a día sin saber la razón de tu existencia. Pero se acabó. Le ha costado la vida a alguien que se portó bien conmigo... Pero he salido del infierno. ¡Sé lo que tengo que hacer!
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20 Octubre 2005
A veces sucede que a uno se le agotan las palabras y queda varado en un oceáno sin fondo dominado por la falta de compromiso y la desgana. Entonces sólo nos queda aferrarnos a un recuerdo pretérito donde buscar la fuente de una inspiración que, en el pasado, debió servir para dar sentido a las letras que todavía hoy nos definen.
Y en esa rememoración idealizada tantas veces denigrada por el conformismo, todavía subsisten los textos de aquellos que, una vez, escribieron sus gestas e ilusiones sobre sus propios recuerdos y experiencias alertándonos, adoctrinándonos, sirviéndonos de guía formal y referente, sobre lo que debe, puede o no puede hacerse, en una columna de opinión diaria financiada con el tesón de aquel que vive con los ojos abiertos, con la voluntad de quien espera hacer de este estercolero un Mundo (más) habitable.
Porque uno, aún ateo, también presume de haber tenido referentes. Alguien a quien seguir y leer, fabricante de columnas diarias, aficionado al teatro,pelo cano, corazón rojo, periodista, republicano... ¡Vísceras sobre celulosa! Desde ayer mismo, inmortal.
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18 Octubre 2005
Representante paradigmática del cine hitchcockniano por excelencia, Encadenados/Notorious revierte las implicaciones del macguffin típico (de la filmografía del británico) condenando a los personajes, no ya sólo a la resolución de un problema que únicamente les interesa a ellos (en este caso, a sus superiores), sino a sobrevivir a una historia de amor tumultuosa, visceral y extrañamente correspondida.
Todo ello, aleado con notables cotas de suspense, de nuevo, protagonizado por objetos que asumen un protagonismo irracional y memorable (las llaves de una bodega, las botellas de la cosecha de 1934), diseñados para secundar un argumento increíble (pero eficaz) en torno a un macguffin que vuelve a reunir algunos de los tópicos (con)formadores de su filmografía: madre castradora y dominante (sobretodo de cara a la nuera); mujer enamoradiza y sufridora; concilio de malos aficionados a las conspiraciones geopolíticas...
Cine próximo a las vertientes emocionales definitorias del film noir a lo Fritz Lang, Encadenados representa el enaltecimiento del Amor en el Cine de Alfred Hitchcock sólo igualado (aunque desposeído de la reciprocidad necesaria para que pueda definirse como película esencialmente romántica) por varios segmentos de Vértigo que, al igual que ésta, aún conserva el carácter de película claustrofóbica, psicológica y enfermiza.
Es Encadenados, una de las cumbres del mejor cine de todos los tiempos.
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16 Octubre 2005
Toda vez que la atención de la blogosfera o, al menos, de alguno de sus especímenes más brillantes y lúcidos (léase Spaulding, Absence, REFO...) parece centrada en montar guardia en torno a lo que se cuece en el Festival de Sitges (por cierto, quién pudiera estar allí), la mass media nos vemos incitados a repasar obras que por estrictos motivos presupuestarios quedaron al margen de nuestros visionados en sus correspondientes estrenos. Dos de esas películas, realizadas con capital español en su mayoría, han centrado mi atención en unos últimos días dominados, pues sí, por la más absoluta indolencia creativa.
Una de ellas, Utopía de María Ripoll, un film fallido pero arriesgado, que presume de cromas alterados e imágenes trucadas, montaje alambicado y pretensiones shyalamanistas, en torno a un argumento sugerente, el que protagoniza un oráculo perturbado por su magno poder, un ángel de la guarda existencialista condenado a sobrevivir a una cotidianidad que le hace conocedor del futuro de los hombres y mujeres que lo circundan.
Me gustan sus mimbres: lo que cuenta y cómo lo cuenta. Pero no me gusta el resultado final (ojo, no el final sino la sensación que desprende su visionado en conjunto) ni el uso arquetípico (e incluso prescindible) de alguno de sus personajes y subtramas. Es y quiere (y logra ser) diferente: y eso es motivo de aplauso. Hay director(a) y talento en Utopía. Y la consistencia se alcanza con el tiempo.
La siguiente película, una auténtica sorpresa: fría, precisa, intrigante: El Segundo Nombre de Paco Plaza, un film de género desafectado de efectismos y trivialidades, con ecos a La Semilla del Diablo de Polanski y al cine de su colega y colaborador Jaume Balaguero, con quien comparte sobriedad narrativa, atmósferas inquietantes y tensión creciente. Una obra soberbia y paradigmática que el tiempo y las retrospectivas podrán (re)situar donde merece. Por mi parte, debo encontrar algo de tiempo para escribirle una crítica como es debido.
Algo se mueve en el cine de género en España. Es sólo una isleta de esperanza inmersa en un barrizal de cine previsible y tremendista. Nada, en fin, que no podamos resolver (y superar) con esfuerzo, talento y aptitud.
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14 Octubre 2005
28 años. Contable mediocre a punto de dejar de serlo, técnico laboral desactualizado, documentalista en paro. Una de las víctimas de los programas de televisión desposeídos del afecto de la audiencia y de la infravaloración que define, en la mayoría de éstos, al departamento de Documentación que los apoya.
Escritor amateur, cinéfilo empedernido, lector de ciencia ficción, hábil perdedor de tiempo en utopías, aún conservaba intacto el recuerdo de aquella primera vez: ocurrió de niño, en un pase televisivo, a hurtadillas frente a una pantalla en blanco y negro que desconocía el significado de la palabra nitidez; y en ella un mundo de emociones inabarcable: un hombre trataba de sobrevivir a una cotidianidad que se había vuelto contra él; un sujeto condenado –por cuenta de una nube tóxica maldita - a desaparecer, centímetro a centímetro, de la realidad aparente que lo amparaba. Seguramente, El Increíble Hombre Menguante siga siendo una de las monster movies más mordaces y sarcásticas de todos los tiempos y, sin ninguna duda, la que posee una de las metáforas más incisivas para con el género humano. Y, con el mismo compromiso, siga siendo el mismo film lúcido y, a ratos, desasosegante ideado a medias por Richard Matheson y Jack Arnold en la lejana década de los cincuenta. El mismo film -hoy día- casi olvidado por un público joven habituado a dejar parte de sus pagas semanales en los bolsillos de Jerry Bruckheimer o Renne Zellweger...
Pero él, por aquel entonces un crío ingenuo y despistadizo, liberado de la capacidad del raciocinio filosófico por cuenta de un sistema educativo deficiente (y una falta de aptitud considerable –no nos vamos a engañar-), acababa de ser investido con el don de la admiración hacia las obras de creación artísticas, aún menores, y caminaba embriagado por la capacidad de absorción de un medio, el cinematográfico, que utilizaba los recursos propios de su lenguaje para contar historias cautivadoras, fascinantes, ensoñadoras. El medio de expresión ideal para enganchar a un niño de siete años que comenzaba a descubrir que el Mundo no era sino lo que había sobrevivido a una Historia cruenta y descarnada, y el Presente, abarrotado de educadores sin talento, regido por la inflexibilidad de los horarios, las prisas, la formación descafeinada, apenas si estaba dispuesto a dejar protagonismo a la imaginación, y mucho menos, a ese mundo emocionante, seductor, marciano dimanante de la pantalla de cine.
El visionado de El increíble hombre menguante fue uno de los primeros recuerdos de su infancia y, desde luego, el acontecimiento televisivo (junto al mundial 82) que cambió su vida. Después, descubrió Los Héroes del Tiempo y Brazil, Drácula y Edgar Allan Poe, El Imperio Contraataca y aquel ciclo magnífico de Alfred Hitchcock, Clint Eastwood, Charles Chaplin, Andrei Tarkovski…
Contemplando –cautivado- aquella colección de historias, imágenes, momentos extraordinarios se animó, con el paso de los años, a devolver a ese Arte magnífico parte de los grandes instantes que le había hecho pasar. Así que se fabricó un estilo de lenguaje para vindicar, con la pasión que también desprenden estas líneas, el Cine que siempre le gustó y del que sabía escribir. De este modo surgió El Cronicón Cinéfilo y su atención exagerada a los cineastas que admiraba: John Carpenter, David Cronenberg, Stanley Kubrick, Aldred Hitchcock, Brian de Palma, George Lucas, Steven Spielberg, Julio Medem, Ken Loach, Alejandro Amenábar, Terence Fisher, Roger Corman, Joe Dante, Terry Gilliam, Charles Chaplin, Orson Welles, Serguei. M. Eisenstein, Jiri Trnka, Roman Polanski, Quentin Tarantino, Hayao Miyazaki..., y a las constantes irreductibles que definen a la más inspirada de cuantas artes misceláneas pueblan nuestra modernidad: la Cinematografía.
Y así surgió el ardor que anima a estas líneas, el perfil egocentrista que ustedes están leyendo sobre la figura de un tipo discreto y reservado al que, simplemente, le dio por acercarse al mundo del Cine desde las trincheras de la escritura amateur. Justamente quien esto firma.
J. P. Bango
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12 Octubre 2005
Recupero del archivo las dos críticas de Kill Bill convenientemente reeditadas en PDF.
Kill Bill vol. 1: Historia de una venganza
Kill Bill vol. 2: Historia de una madre
Una película que merece la pena revisar de vez en cuando.
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10 Octubre 2005
Qué cómo a un tipo que siempre defiende (y defenderá), por encima de todo (y tod@s), el cine de género, presume de haber disfrutado como un enano con el visionado de Las Horas del Día de Jaime Rosales, el paradigma anti-cine de género por excelencia, es algo que me cuesta explicar. En fin: os dejo con la mini-crítica (que hoy fue un día perruno):
Crónica costumbrista de un asesino con tendencias psicopáticas, autodestructivo pero con una vida, ésta sí, absolutamente normal: dueño de un pequeño negocio familiar, novio y amigo, jefe y viandante de una ciudad que presume de cotidianidades e imperfección.
Contada y narrada por Jaime Rosales sin ninguna concesión a los códigos genéricos, artificios o maniqueísmos, en realidad, no tiene ni música y la mayor parte de sus soluciones narrativas se resuelven con un largo plano fijo, revestidos de sonidos cotidianos y en base a unas actuaciones sobresalientes fundamentadas en la complicidad y el ultrarrealismo.
El director asume como dogma de fe los principios de la economía narrativa (en este caso transmutada en la escasez: de planos, ardides o retórica) y la convierte en marca reconocible y sello de una película, ésta, sí, Las Horas del Día, realizada bajo el influjo de la crónica social dramatizada, sencilla y atemporal.
No cuenta nada (una historia al uso) pero lo cuenta todo (una historia al uso). Es Cine transgresor, personalísimo e inconvencional. Cine que hay que ver (y disfrutar).
Lo más destacado: las interpretaciones de sus cuatro protagonistas principales y la elíptica y sobrecogedora escena de la boda.
Lo menos destacado: su drástica propuesta formal no funcionaría en producciones más ambiciosas y puramente cinematográficas.
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